viernes, 30 de noviembre de 2012

50 despacio ó 100 deprisa

Esta entrada puede tomarse como la proposición de Cuak sobre escribir historias inventadas sobre personajes cotidianos o inventados. El mejor título que he encontrado para esta historia es este "50 despacio o 100 deprisa". Espero que os guste.

El niño de unos nueve años de edad, de nacionalidad desértica, construye un oasis mientras habla con su homónimo de tierra morañega a  través de la verja del colegio Santa Ana, como si uno de los dos fuese aquel judío del pijama de rayas.
Como dos almas libres y curiosas, hablan de sus cosas, hablan de como han llegado a estar uno frente al otro, sin saberlo, como por instinto, como el poeta desliza su mano sobre el papel atrapado por la fuerza intangible de una musa.
Cada uno feliz de estar allí, de saber que aunque difícil de abrazar, al otro lado de la verja tienen un amigo, un alma al que solaparse. Ninguno lo piensa, ninguno lo dice, pero lo saben.
El pasado pasó, el chico del desierto ha visto a sus manos morir entre su padre, por que este mato a su madre primero y se ha visto cerca de acompañarles en el viaje mas de una vez, y de dos, y de tres. Ahora vive con su tío cerca del parque de San Antonio, en Ávila, y a pesar de aquello es feliz, aunque esté trabajando en su taller casi de sol a sol, aunque a pesar de su temprana edad haya visto mas que muchos viejos, mas que muchos mayores, mas que muchos niños. Él es feliz, tal cual está.
Delante del espejo tiene una vuelta de tortilla, su yo que aún no sabe mucho de todo, que aún no sabe nada de muchas cosas, pero que comprende, ayuda y se solidariza con su nuevo amigo. El vive en una casa bien con sus padres, su hermana y su perro. El no necesita muchas mas cosas que los demás niños, como hacen ellos, que ignoran que su postura es la mas sabia de todas, pues quien tiene un amigo, tiene un amigo. 
 
Los dos en esencia son lo mismo, pero no de la misma manera, no del mismo modo, no han caminado por el mismo camino. Uno y otro a un lado ya otro de la verja pero al fin y al cabo hacen lo que hicimos todos, acabar de contar e ir a ver donde se han escondido tus amigos.

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