miércoles, 20 de febrero de 2013

Alquimistas del tiempo



                De la misma manera que soplo el polvo que tenía encima este blog, soplo los prejuicios que pudiera tener hacia la suprema edad, nada de ciudadanos de tercera.
                El paseo de san roque me devuelve a casa una vez más, y por el camino encienden la llama de estas letras dos sombreros y una boina. Dos sombreros y una boina cubriendo tres montañas con nieve, de esas montañas con la cúspide redondeada por la erosión del tiempo, pero pulcras y llenas de luz.
               
                Se me elevan las mejillas y por su culpa mis ojos se ponen en cuclillas, a razón de la conversación que aunque breve, me ha resultado la más pura y la más llena de todas las que he podido escuchar. Yo les miraba como si todo, ellos a mí como a una cosa más, como a un fotograma de un enorme rollo de celuloide con innumerables registros de luz.
               El lugar donde se encuentra el punto de inflexión en el que dejas de hablar del tiempo como excusa se halla la sabiduría plena. Excusas que nos damos para no hablar de cosas que no sabemos o para evitar una situación incómoda en el ascensor, que al final ni se elude ni se mejora, ni sabemos de lo que estamos hablando.
                Tres viejos caminando y manejando conceptos como si nada, como si todo. Conceptos tan precisos como el bisturí, tan certeros como un disparo a bocajarro. Los tres señores enclenques y deteriorados hacen malabares y virguerías sobre algo a simple vista banal que de fondo tiene muchos metros.
               
                Palabras que esculpen en el aire el reflejo de su sombra y que nos dicen muy bien como se hizo el surco de sus arrugas. Nos dicen dónde se forjó la dureza que envuelve la flojera de sus manos crudas, manos que mecen las palabras que se dicen y que entre los dedos no sólo se dicen como es el tiempo, no sólo se dicen como es el frío, sólo se dicen  que han andado mas que un rato. Dos sombreros y una boina manejan entre sus dedos el  frío, mecen sus palabras como alquimistas del tiempo.