viernes, 13 de enero de 2012

Adelante

La primera vez que vi la luz del sol fue en el mes de Julio de 1992. A él ya lo conocía de antes.
 Era un poco raro, no tenía recuerdo de haberle conocido pero siempre había estado ahí. Por unas cosas o por otras siempre acababa viniendo a mis cumpleaños, vino también a mi bautizo, a la boda de mi hermana y durante dieciocho años se podría decir que lo vi un domingo si y otro también. Supongo que no mentiría si dijese que le había visto crecer. Al fin y al cabo, era yo quien heredaba sus libros, todo pintarrajeados, con bocetos de lo que después pasaría a ser mundialmente conocido como Pancracio. Mentiría si dijese que nunca le había envidiado. A veces había envidiado la sabiduría que salía de sus labios, sus muñones lentos, que me recordaban más a "Slowhand" que a tortugas en la niebla, también su versatilidad a la hora de actuar... pero no era una envidia malsana, más bien era lo contrario, de esa clase de envidias que se mezclan con toneladas de orgullo y una pizca de satisfacción. La verdad, yo no creía que aquel chico no fuese buen estudiante, de hecho le había visto aprender más rápido de lo que corre una gacela a la hora de la cena, con los leones del último momento detrás, y un grito de arrepentimiento por la pereza que se había apoderado de su camino nada más empezar.
Sabía de sobra donde se encontraba en aquel momento. Aunque solo tuviese diecinueve años, yo ya había pasado por esa encrucijada, en esos momentos en los que Juan y Cuack discutían sobre que camino elegir. En un lado racional estaba Juan, con los pies, cívicos, clavados en tierra, estudiando para encontrar un trabajo y algún puesto en la sociedad. Mientras que en el otro lado, estaba Cuack que se calzaba sus zapatos alados, que quería entender las mentes y pasaba el día buscando lolitas, nínfulas, nereidas y otras doncellas a las que conquistar, escribiendo versos extraños sin rima ni dirección postal. Sabía de sobra lo que era flaquear, de verdad, no solo a veces, de constante, viviendo en una montaña rusa, llena de preguntas, caídas sin respuestas y subidas sin explicación. Aunque hay quien dice que el equilibro es imposible, así no es como lo veo yo. Con el paso del tiempo aprendí a mantener un ojo en los apuntes de Juan (elementos transponibles en eucariotas) mientras Cuack encendía un cigarro, bañando la pequeña habitación, de un tenue humo, según deslizaba velozmente sus dedos sobre el teclado. Inestable o no... era un equilibrio al fin y al cabo.
 Pese a todo, yo también tenia miedo pero seguía sin entender por que lo tenía él. Aquel hombre, que una vez fue un niño adicto al nestea, veía las caras de la moneda pero no veía al lanzador. Que yo solo tenía diecinueve años, pero sabía que aquel lanzador valía mucho más que cualquier moneda y que se comería el mundo sin partirlo en dos.
Pero yo jamás podría darle un buen consejo, no sintiéndole un amigo tan familiar, hiciese lo que hiciese sabía de sobra que le iba a apoyar. A estas alturas de mi carrera, yo solamente sabía que los perros ladean la cabeza cuando no saben resolver un problema.

PD: El que un perro ladeé la cabeza significa que está haciendo uso de su inteligencia lateral, cuando se enfrenta a un problema y no lo sabe solucionar, ladea la cabeza para darle un nuevo enfoque.

2 comentarios:

  1. Señor Cuak, sigue usted escribiendo con la tinta que sangra su corazón. Cada día me siento más orgulloso de Che Nacis y de la enorme suerte que tengo de plasrmar en folios virtuales mis pensamientos, con una gente tan maravillosa a la que yo llamo amigos.

    Gracias por escribir asi.

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  2. No se que decir, todas las palabras que podían haberse dicho ya las has dejado aquí plasmadas. Y son tantas que podría dedicarte a ti, más que tú a mí. Porque creo que al ser más grande que tú, nada metafórico, eso lo puedo asegurar, me cabe mucho más orgullo, así que te chinchas. Gracias Juancuak, por tu equilibrio reservado, por tus palabras que según las leo se bañan en mis ojos en unas lágrimas contenidas de emoción. De verdad que no se que mas decir, salvo gracias, de verdad gracias, de verdad gracias, de verdad gracias. Como te quiero juanillo.

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