sábado, 7 de enero de 2012

Esplacnología del corazón, parte II : "bienvenidos"

Hace un par de años hice un gran cambio de aires, mucho más que radical, metí mis narices entre gente que valía mucho más que cualquiera de estas palabras, gente que hacía poesía con las manos, que esculpía estatuas con palabras y que componían canciones solo de miradas.
Pero en aquel entonces esto yo no lo sabía, no eran más que nuevos conocidos en mi vida, algunos más viejos y un par de la familia, pero yo vivía en mi pequeña burbuja de cristal y no quería que nadie la traspasase. Quizás había sido por mi elevada capacidad de enamorarme, el miedo a pelarme las rodillas, o una mezcla de todo con mis tendencias depresivas. Me había enamorado y desenamorado bruscamente y aunque solo un par de veces, con eso tuve bastante, no quería desgastar más lágrimas en mi vida y cerré con fuerza la puerta, construyendo con mis manos, un muro entre mi corazón y la gente que me rodeaba. Quizás era por eso por lo que me cansaba de la gente y buscaba un cambio de aires cada vez que sentía que alguien comenzaba a conocerme.
Siendo sinceros, creo que tenía miedo, tenía tanto dentro que tenía miedo de que alguien se introdujese por allí y comenzase a gritar dentro de mi cabeza por todo lo que allí guardaba. No era más que un niño burbuja viviendo a varios centímetros de la realidad, la distancia perfecta para ver y no tocar. No sé bien por que comencé con todo esto, pero por unas cosas o por otras hace algo más de un año empece a buscarme a mi mismo, grité mi nombre en cada esquina, corrí tras la raíz de mis problemas, y descubrí que eran tantas mis carencias que no tuve otra que vomitar en papel todo lo que sentía, poco a poco. Acostumbrado a estar distante comencé a acercarme a la gente, a estudiar sus miradas y palabras. También, aprendí a subirme el ego ya que ni siquiera mi abuela lo hacía y gané confianza, incluso perdí mi miedo por la sangre en las rodillas.
Quizás todo empezó cuando la conocí a ella, que con sus ojos marrones me decía a gritos que estaba perdida, y yo sabía que guardaba un mundo tras cada una de sus pupilas. Con cada palabra que escribía ella se acercaba a mi y me conocía como nunca nadie antes había hecho, y es que por primera vez era yo quien quería convertirme en un estudio de esplacnología, y que fuese ella quien metiese las manos en mi pecho y yo,  que la dediqué cada una de mis palabras y ella, que también me dedicó alguna. Hubo una vez, en la que ella me describió como "uno de esos hombres que pueden escribir poesía entre las piernas y evitar que los paraguas se desdoblen en los días de tormenta", aún así ella me rechazo cuando dijo " Porque ella no era especial. Y no había nacido para ningún príncipe poeta". Aunque esa no fuese la verdad, prefería esa mentira a saber que ella no me quería. Quizás fue por ese amor, quizás fue por conocer algo tan puro por lo que fui capaz de abrirme.
 A día de hoy, tengo que reconocer que sigo estando enamorado, pero no de ella. He pasado estas últimas semanas con unos nacis engoteleados con los que compartir humor negro, música de calidad, borracheras, cigarros, brownies y otras muchas otras historias por contar y no puedo recordar la última vez que me sentí tan bien acompañado y como dijo un chino, este es un ambiente familiar,pero la verdad es que es mucho más que familiar.


Si os aburrí lo siento, pero es algo que me pedía el cuerpo y lo tenía que vomitar, aunque a veces me bailen las palabras y no sepa rimar. Pero...os jodéis, que esto no acaba aquí.

La ciudad, vestida bajo cero,
y las estrellas tiritan a lo lejos,
Sus voces, nítidas
bailan en mis pupilas,
pero el frío no cala los huesos
no cala mis huesos.
"Hometown glory",
eso es algo que aprendí
eso es algo solo de aquí.
Pero las manecillas, han tumbado
tumbando, también, todas mis horas
y estas, que llevan delante un la,
(como cualquier señorita)
me indican el final
que no es la muerte, pero toca marchar.
con doscientosochentaisiete lazos marineros,
en mi garganta,
que me advierten que podría llorar.
Y aunque de verdad,
aprecie a mi otra ciudad
no puedo evitar pensar
que haría sin mi cafeína blues,
que haría si me sintiese azul
que ya lo dijo un gran poeta
"lo único que me arroja luz
es cuando bebo cafeína blues".



1 comentario:

  1. Muy grande mister cuack, todos acabamos necesitando cafeina blues, salvo el rey del corral que regala thc brown.

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