Quedaban pocas horas para el inicio del nuevo año y mientras en aquella casa se ultimaban los preparativos para la cena, la mirada de un viejo se perdía a través de una ventana. El viejo descansaba sobre un sillón orejero mientras una nube de tabaco flotaba sobre su cabeza, como si de sus pensamientos se trataran. Al otro lado del salón un chaval de unos veinte años observaba en silencio al anciano. Este apagó la tele y se dirigió hacia la nube de humo.
-Abuelo Carlos ¿te ocurre algo? Normalmente es imposible hacerte callar y hoy llevas todo el día en silencio mirando por la ventana.
-¿Tienes tabaco por ahí?-pregunto el anciano.
-Sí-asintió el joven.
-Pues dámelo y siéntate al lado mió, tengo una historia que contarte.
“Joder ya estamos. Para que coño le habré dado cuerda al viejo de los cojones. Ahora tendré que tragarme una de sus batallitas que me habrá contado mil veces de unas mil maneras distintas”
-Soy todo oídos, abuelo…
En el dos mil once agonizaba una tarde como la de hoy hace cincuenta años. Mis amigos y yo esperábamos ansiosos el reunirnos para celebrar la nochevieja, una nochevieja en la que pronto los que agonizaríamos seriamos nosotros mismos.
Los preparativos consistieron, como de costumbre, en una compra de productos básicos de primera necesidad, a granel. Compramos muchas Coca-colas, Fantas, tónicas,…Por aquel entonces, aunque no te lo creas, no necesitamos alcohol para pasárnoslo bien. Y como novedad unos días antes decidimos organizar el amigo invisible. ¡Invisible, invisibles nuestras conciencias! cegadas por la euforia de paz y amor de la navidad. ¿Cómo darte una explicación de lo que pasó? Cuando las únicas palabras que golpean el rompeolas de mi mente son: Por imbécil, por idiota.
La noche, inocente ella, empezó con un video muy emotivo. Y entre risas y muchas copas de Coca-colas, Fantas y tónicas fuimos dando nuestros regalos. Pero hubo una, una de aquellas personas que en el fondo de su negro corazón escondía las llaves del averno psicoactivo. Y con unas hierbas místicas de antiguos druidas llamados hippies, que por aquellos años eran conocidos como movimiento 15-M, el cocinero de la picaresca nos echó un órdago a todos como un pastel de grande. Nosotros, nos lo comimos. Tu abuelo, que como bien sabes, es una persona que no suele darle vueltas a la cabeza y no le gusta hacer un mundo de nada. Ese día hizo el Tour de Francia, la vuelta a España y el Giro en su cabeza e hizo un universo de la nada.
Lo último que recuerdo era una canción en mi cabeza mientras me llevaban a casa unos amiguitos: Dead Flowers, un tema original de Gotele que mucho después versionaron unos chavales ingleses.
El muchacho y su abuelo se quedaron un rato en silencio hasta que por fin el más joven lo rompió.
-Ostias abuelo te has fumado todo mi tabaco y está el paquete a cuarenta Euros.
-Bueno, bueno no te fijes en eso y dime que moraleja crees tú que saqué de todo aquello.
-Pues que no volviste a comer nada cocinado por aquella persona.
-Correcto.
Una voz anunció que era la hora de cenar y el abuelo y su nieto acudieron veloces a la llamada. Cenaron, comieron las uvas, se desearon feliz año toda la familia y cuando el muchacho, ya con el traje puesto, se disponía a irse se volvió hacia el viejo y le dijo:
-Abuelo que sepas que si hoy en la fiesta alguien lleva un pastel no voy a comer ni un trozo.
-Así me gusta. Por cierto no bebas mucho que mañana comemos todos en el restaurante de todos los años con mis amigos.
-¿Cómo se llamaba…? Ah sí, el rey del corral ¿no?
-Sí.
Y el anciano volvió a dirigir la mirada hacia la ventana imaginando a un cocinero echando hierbas en una fuente de chocolate mientras su risa diabólica acompañaba los rayos y lo truenos de la noche.
¿FIN?
magnífico Carlos, eres enorme¡
ResponderEliminarjajaja