jueves, 18 de octubre de 2012

De imaginarse va la cosa

He aquí el nuevo reto que os propongo con una doble intención, despertar nuestras dormidas mentes y darle un poco de vidilla a este lugar que en un tiempo fue un vergel radiante... Es simple y laborioso, a la par que pensativo y espontáneo; ¿No os ha pasado nunca eso de cruzaros con una persona que llama la atención en repetidas ocasiones? Yo que sé, el borracho del banco de tu casa, la mujer que vende castañas los domingos, Don Carlos que está tomando un vino, la mujer que pasea su perro mientras lee un libro de Neruda.... La cosa es, detrás de esas caras hay una vida, una vida de la que no conocemos nada, como interesarnos por ella sería demasiado fácil, propongo inventarnos una vida para cada persona que nos llame la atención.
He aquí el primer ( tal vez el último) personaje RE-inventado: Los martes en León procuro ir a un bar que se llama el gran café donde hacen jam session y de vez en cuando sube gente de la ostia, el caso, es que hay una mujer, una mujer que siempre está allí, y lo único que sé de ella es que cuando baila parece una yonki; Sin más dilación procedo a hablaros sobre María, la yonki del gran café


María es rubia y debe rondar ya casi los cincuenta años.
 Nos vemos todos los martes siempre en el mismo sitio, ella baila, y yo, a veces, también. Cuando baila, parece que sus piernas sean de goma, o de cristal irrompible, no sé bien. Siempre que se contonea sonríe y algo me hace pensar que pasó gran parte de su vida en una barra americana. A veces me pregunto si se dedico a vender sonrisas, pero seguramente ya dejó esos asuntos. Me gustaría saber de que pie ha cojeado su vida, pero ella nunca me lo cuenta, solo baila y sonríe. A pesar de conocer a la perfección sus bien alineados dientes sé que no es feliz, se le nota en los ojos. Quizás sea así desde que dejó las drogas, o tal vez, tal y como indican sus brazos, jamás las haya dejado.No lleva anillos y yo interpreto que no es de nadie, pero quien sabe, lo mismo lleva otras marcas, quizás, la deuda que contrajo con Nano, su chulo, no fue solo económica y se metan juntos todas las noches, no lo sé. También, por como baila, sé que ella nunca tuvo hijos, y la verdad, no creo que a estas alturas se planteé tenerlos, María debe rondar los cincuenta años, quizás los sesenta quien sabe, pero siempre se viste como si tuviese quince recién cumplidos y a veces parece un ser fantasmagórico. María nunca lo dice, pero se que sueña con subirse a ese escenario y ponerse a cantar, pero ambos sabemos que no puede, al menos no con esa voz tan horrible, se contenta con bailar frente al escenario y sonreír si nota que alguien la está mirando... y si se le acaba, va a por otra cerveza, que a estas horas ya es lo único que tolera su cuerpo. A pesar de los palos que se ha llevado en la vida, María es una soñadora nata y está convencida de que en un par de años las cosas le empezarán a ir mejor en su nuevo trabajo y podrá contruirse una pequeña casa cerca del bosque del Faedo, justo donde perdió su virginidad.
Que poco sé de María y sus delgados brazos, de María y sus piernas de vidrio fundido, de María y su teñida y rubia melena, que poco sé de María, más allá de aquel café, aún así, además del nombre, podría inventarme una vida para ella...

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