Buenas historias se contaron
y otras solo se quedaron
suspendidas en el tiempo,
sucedió en un viejo templo
de un café de Recoletos
donde escritores y oradores
compartían voz y las palabras
esquivando viejas balas,
a eso de la una
en el cenit de la luna
González Pintor, cerillero y anarquista,
alzaba sutilmente la vista
cuando aparecías,
un silencio de papel
ante aquel tarro de miel
que la luz de las farolas
traía en la cresta de la ola,
y así, todos rezaban
para que no te fueras sola
a dormir,
Tu, musa de las buenas artes
nunca nadie pudo robarte
el corazón,
y eso que sobre tu colchón
derramó tinta
toda una generación,
un día dejaste de aparecer,
una Edad empezó a perecer,
pero todavía hoy se la recuerda
cuando el cerillero mira a la puerta
y después hacía un rincón
donde todas las noche
a eso de la una
sirven una copa en tu honor,
señorita, Inspiración.
sobran los protocolos y las buenas palabras,¡¡esto es cojonudo!!
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