lunes, 27 de febrero de 2012

Las sabanas de la autocompasión.

Había días en los que llorabas
lágrimas invisibles,
noches en las que nunca rezabas
a dioses imposibles,
también había frías madrugadas
de ideas artificiales,
soledades mal acostumbradas
a mearse en los pañales,
dedicabas los segundos de las horas
a leer letras mayores
y antes del inicio de la aurora
el papel en blanco te devolvia
esquirlas de trabajos menores,
sin sentimiento ni colores,
y cuando la cabeza te pedía
anestesia a la razón,
el corazon a gritos te decía
que si, al siguiente ron
aunque al día siguiente
fueras el depresivo paciente
bajo las sabanas de la autocompasión,
pero ahora aquello quedó
en el fondo del mar de las palabras,
pero aquello por fín pasó,
costó, la herida sangró,
y pudiste decir adiós a la depresión,
ventilando las sabanas de la autocompasión.

1 comentario:

  1. Este tipo de cosas son las que hacen que uno quiera dejar los hábitos de la escritura.
    Te daré tres bravos, el primero por salir de esa mierda en la que tantas veces, tanto tú como yo nos hemos visto ahogados, el segundo por saber plasmarlo de ésta manera, y el tercer y último bravo por romper el silencio de chez nacis con tan buenas palabras.


    Pequeño Spencer me tienes que dar el secreto de ese viejo truco Jedi.

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